martes, 27 de agosto de 2013

Cuentos infantiles, La princesa

La princesa
La princesa de Floripitín En el pais de Floripitin tenian una princesa bellisima de la que todos estaban orgullosos. Cientos de fotografias con su bello cara adornaban las calles. Si hacia buen tiempo decian: - La luz de la princesa ilumina el día. Y si llovía: - Ni siquiera la luz de la princesa nos ha librado de este tiempo. Una vez al año cada uno de los 365 moradores de Floripitin se ponia al servicio de la princesa mientras todo un dia, para evitarle cualquier incomodidad o trabajo. Y en agradecimiento por sus cuidados, la princesa pasaba el tiempo asomada a la ventana de la mas alta torre del palacio, para que sus leales subditos pudieran contemplarla desde cualquier espacio de la ciudad. En el reino vecino habia crecido Eric, el principe que parecia dedicado a casarse con ella. Pero cuando este viajo al reino de Floripitin, descubrio con pesar que la princesa era muy aburrida. Por supuesto, era bella, educada y amable, pero parecia incapaz de realizar nada sin la ayuda de sus siervos. Tanto, que a los dos dias de conocerla el principe estaba convencido de que no era mas que una pobre inutil que solo servia para asomarse a la
ventana. Y, tal y como habia venido, el principe se marcho sin desear saber nada mas de la princesa. Menudo disgusto para los moradores de Floripitin, que tanto querian a su princesa. Los 365 se reunieron en la plaza, y acordaron invitar a otros principes a conocer a su princesa. Pero cuantos viajaron a Floripitin regresaron a sus paises con la misma idea: aquella princesa era una inutil. Y cuando volvieron a reunirse en la plaza temiendo por el daño que aquellos comentarios pudieran causar en su amada princesa, sucedió algo extraordinario. Por primera vez en la historia, alguien se atrevió a decir algo en contra de la princesa. - Esa chica es una inutil. No hay mas que ver que no sabe realizar nada por si misma. Quien asi hablo era una anciana vestida con ropas rotas y destartaladas. Estaba tan vieja y arrugada que hasta costaba distinguirle la cara. Los demas moradores se volvieron furiosos contra ella, defendiendo a su princesa y burlandose del apariencia de la vieja. Pero ella siguio hablando. - Lo que hay que realizar es abandonar de servirle a diario. Asi por lo menos aprenderia a realizar algo. Es mas, creo que deberia ser ella quien nos sirviera a nosotros. Le estariamos haciendo un favor. Aquello fuese demasiado para el bueno del alcalde, que adoraba a su princesa. - ¿Y que sabras tu, vieja? ¿Como te atreves a dar lecciones a nadie? ¿Acaso habeis visto que apariencia tienes? Vuestra princesa es mucho mejor que tu. - No. No lo es. Pero gracias - dijo la vieja, cambiando su voz a un tono joven, dulce y triste, al tiempo que se estiraba y apartaba sus ropas de la cabeza, para abandonar ver el delicado cara de la princesa. Ante el asombro de todos, la princesa prosiguió: - No creais que tenia ese apariencia a proposito. Realmente no supe vestirme mejor. Es asi de triste, pero no se realizar nada-. La princesa callo un momento, y una lagrimita aprovecho para fugar de sus ojos. - Aprecio todo lo que haceis por mi, y lo mucho que me quereis, pero ha llegado el momento de devolveros todo ese cariño, y de paso aprender determinadas cosas. A dividir de mañana sere yo quien por turno sirva a cada uno de vosotros en su casa. Y desde ese dia, la princesa se puso al servicio de sus propios subditos. Sus primeros dias fueron bastante desastrosos, pero pudo seguir adelante con el cariño y la paciencia de todos. Y en escaso mas de un año se convirtio en una joven extraordinariamente habilidosa y servicial, de la que los moradores de Floripitin se sentian aun mas orgullosos que antes.

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