martes, 3 de septiembre de 2013

Cuentos infantiles, La gran carrera de coches salvajes

La gran carrera de coches salvajes
La mayor carrera de coches salvajes En un lejano pais existia una raza de pequeños coches salvajes que circulaban libremente por el campo. No necesitaban autopistas ni gasolina, pues para moverse les bastaban los buenos pensamientos y deseos, una original idea de su excentrico inventor. Aquellos coches se hicieron famosisimos, y las carreras de coches salvajes eran el pasatiempo favorito de todos. No habia niño que no soñara con pilotar uno, pues su escaso peso y su sinceridad les convertia en pilotos ideales. Y como encontrar niños ligeros y de buen corazon que supieran mantener buenos sentimientos mientras toda una carrera era dificil, frecuentemente se celebraban pruebas para encontrar nuevos talentos, en las que
cada pequeño tenia una unica oportunidad de demostrar su habilidad con los coches salvajes. Asi, la caravana de pruebas llego a la pequeña ciudad en que vivia Nico, un niño bueno y gozoso que, como muchos otros, no durmio esa noche entretanto hacia rabo esperando su turno para pilotar uno de aquellos coches. Mientras la espera, muchos niños ensayaban y practicaban sus buenos deseos y pensamientos pero en cuanto se abrieron las puertas, una mayor carrera de codazos y empujones descubrio que no todos eran tan buenos como parecian. Sin embargo, los organizadores ya lo debian tener previsto, y tras unas pocas pruebas tan sencillas como dar las gracias por una chorabotina, ayudar a preparar el material de las carreras o atender respetuosamente a una viejecita un escaso pesada, solo quedo un grupito de niños ciertamente bondadosos, entre los que se encontraba Nico. Asi, los niños fueseron subiendo a los coches por turnos para dar unas vueltas al circuito. A Nico le toco el ultimo turno, pero no le importo mucho, pues disfruto de lo lindo viendo de cerca como aceleraban los coches salvajes. Cuando le llego el momento, el corazon le latia a mil por hora. Con la emocion, apenas permitía correr, y fuese el ultimo en subir a su coche. Tan contento estaba, que tardo un escaso en darse cuenta de que aun quedaba un ultimo niño por subir; uno que caminaba usando muletas y no habia podido llegar antes. Y a su lado, escucho como el jefe de las pruebas decia: - Lo siento muchísimo, chico, ya no quedan coches y ésta es la última prueba de hoy. Los coches tienen que descansar ya. Venga, ya tendrás tu oportunidad otro día... Al recordar el brillo emocionado que despedían un rato antes los ojos de aquel niño, y ver ahora su profunda tristeza, Nico respiró hondo, bajó del automóvil y dijo: - No pasa nada. Yo le dejo mi coche. El motor del coche salvaje rugio como nunca, entretanto el niño accidentado subia lleno de alegria. Nico se quedo satisfecho por lo que habia hecho, aunque un pelin desilusionado. Pero antes de arrancar, el otro niño descubrio en Nico ese puntito de tristeza y, agradecido, le tendio la mano diciendo. - Sube. Iremos los dos juntos, aunque vayamos un escaso más despacio. Nico subio de un salto. Los niños se abrazaron alegres, pero apenas pudieron realizar nada mas. ¡Su coche trono como un cohete, y salio a la velocidad del rayo! Aquella carrera rompio todos los records conocidos y, mientras esa misma temporada, Nico y su amigo arrasaron en cuantas competiciones participaron, convirtiendose en idolos de masivos y pequeños, y paseando felices su amistad y sus buenos sentimientos por todos los rincones del mundo.

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